El hotel tiene una temática colonial, pero más que rústico se siente deteriorado. Mi habitación estaba en el último piso, una cama tenía tierra y encontré un insecto. La iluminación es pobre, los espejos son pequeños (no hay de cuerpo completo), los baños tienen humedad y nunca logré agua realmente caliente en la regadera. No hay cafetera en la habitación y la TV es muy básica, solo con cable.
El wifi no llega a las habitaciones, solo a áreas comunes, y nunca lo informaron. La corriente eléctrica es débil, así que los dispositivos de carga rápida no funcionan bien. El spa no abre los domingos.
La comida es buena, pero el buffet es pequeño: pocas opciones de proteína y muchos carbohidratos. Las bebidas cumplen.
La atención en persona fue deficiente: en restaurante y lobby solían olvidarse de mí por viajar sola. En contraste, la atención telefónica fue muy buena.
La alberca es agradable, pero la salida a la playa es insegura y no hay señalización visible para regresar al hotel.
En general, buscaba descansar, pero entre la poca luz, el mal mantenimiento y los servicios limitados, la experiencia no resultó relajante. No lo recomiendo si lo que se busca es comodidad y buena atención.